The Rainy Season Fans

Elliott Murphy's Fans Page


ELLIOTT MURPHY, 35 AÑOS EN LA CARRETERA Y SUMANDO...
Traducción del reportaje publicado en la revista "Wood & Steel", el magazine que edita la marca de guitarras "Taylor", en la edición de verano de 2007

Traducción: Jordi Reynaldos


Los sueños rock&roleros de Elliott Murphy nunca se hicieron realidad, al menos en América. Parecía en la cúspide del estrellato en 1973 con su disco de debut Aquashow, un álbum que impulsó al crítico de Rolling Stone, Paul Nelson, a anunciar su llegada como un integrante de la próxima generación de héroes del Rock’n’roll junto con Bruce Springsteen y Jackson Browne.

Las primeras canciones de Murphy, dibujan New York  con escenas de los suburbios de clase media de New York con un estilo lírico inspirado en Fitzgerald, Cheever y Kerouac así como Dylan, Cohen y Simon.

Para Murphy el rock era capaz de encauzar el poder redentor de la literatura. “La diferencia entre el cine y el rock’n’roll”, escribió en las notas del disco de la Velvet Underground de 1969 “Live”, “es que el rock nunca miente”.

Nació en 1949, creció en Long Island, New York y tocó en bandas juveniles antes de trasladarse a Europa a finales de los 60, donde llevó una vida bohemia como músico callejero,  llegando a aparecer en el film “Roma” de Fellini de 1972.

Cuando regresó a New York, Murphy y su banda se hicieron un nombre propio en destacados clubes de rock como el Max’s Kansas City, tocando en los mismos círculos art-rock que Patti Smith y los New York Dolls.

Lou Reed originalmente iba a producir el segundo disco de Murphy, pero llegado el momento Murphy optó por dar el salto hacia Los Ángeles para grabar y entregarse al sueño pop californiano. Paul Rothchild (the Doors, Janis Joplin) hizo los honores, el coautor de “Layla” Jim Gordon tocó la batería, y por un par de meses Murphy vivió en el Beverly Hills Hotel como un auténtica estrella del rock. Regresó a New York para su tercer disco, Night Lights, grabado en los Electric Lady Studios del Greenwich Village. Entre los  invitados a las grabaciones estaban su amigo Billy Joel y el teclista Jerry Harrison, que pronto se uniría a los Talking Heads.

El trabajo de Elliott Murphy fue aclamado por la crítica pero ignorado comercialmente, y cambió de casa discográfica. Probó con Columbia y en 1977 grabó su cuarto disco en Londres, con la pequeña ayuda del guitarrista original de los Stones, Mick Taylor y el batería de Genesis Phil Collins. Columbia lo daría de baja más tarde.

Tres décadas más tarde le pregunto por qué creía que nunca había logrado sobresalir en los Estados Unidos.

“Con cada nuevo disco el éxito comercial parecía a la vuelta de la esquina” comenta vía e-mail desde Europa. “Tuve un tremendo apoyo por parte de los críticos y de las radios de FM. Seguía pensando que una mejor discográfica era la respuesta, así que cambié de Polydor a RCA y a Columbia durante cuatro discos en cinco años, lo que pudo ser un error, ya que necesitaba continuidad y un apoyo de la discográfica a largo plazo. Pero hubo una gran resistencia por parte de las principales estaciones de radio americanas que pensaban que mis letras eran demasiado literarias para la audiencia en general. Y mis administradores parecía que llevaba mis giras por direcciones extrañas (¡haciendo de telonero de Sha Na Na!), y sólo se preocupaban de sus propias metas a corto plazo (i.e. lo que iba a sus bolsillos).

“Los administradores son el punto débil del negocio de la música”, continúa Murphy, “nunca fui capaz de encontrar mi propio Colonel Parker, Brian Epstein o John Landau. Todo esto, combinado con mis propios demonios personales, arruinaron mis grandes esperanzas iniciales”.

Desalentado pero resuelto, Murphy siguió adelante, haciendo giras por Japón y Europa, cuando, para sorpresa suya, descubrió que tenía seguidores.

“Algo se estaba cociendo en Europa, de lo que yo no me había dado cuenta” dice. “Todo lo que iba en contra mía en Estados Unidos parecía ir a mi favor en Europa”.

Murphy reconoce los precedentes de innombrables músicos americanos de Jazz y Blues que tuvieron carreras más provechosas tocando en Europa.

“La gran diferencia era que los europeos amaban y respetaban el arte y la cultura, y el rock estaba incluido en esa mezcla”, dice. “Por supuesto esto ha cambiado debido a la homogenización pop del negocio de la música internacional”.

Murphy siguió grabando y haciendo giras durante los 80, dividiendo su tiempo entre su casa en New York y las giras por Europa. Después de su divorcio en 1989, emigró a París, que ha sido su casa desde entonces. Ahora con 29 discos bajo el brazo, una devota base de fans, y la oportunidad de ganar dinero haciendo algo que le gusta cada noche, es justo decir que los sueños rockeros de Murphy se han cumplido después de todo.

Le pregunto si, después de estos años,  todavía siente de la misma forma el poder del rock como en su juventud.

“En todo caso, el espíritu del rock -o al menos lo que considero que es- se ha vuelto mas claro y valioso para mí”, dice. “Verdaderamente creo que la energía de esta música es una fuente de vida de por sí. Tengo 58 años, y el pasado Sábado toqué durante 4 horas y 20 minutos un repertorio de casi 50 canciones. Cuando era joven estaba demasiado absorto en el negocio final de todo ello. Tocaba para ricos y poderosos. Ahora toco para los fans que compran sus entradas, y doy el mismo espectáculo, la misma energía, hayan50 o 5000 personas en el público. A pesar de todas las desilusiones sufridas, sigo pensando que soy un músico increíblemente afortunado, porque me di cuenta antes de que fuera demasiado tarde de que el regalo que tenía era muy valioso, y que era mi obligación conservarlo. Han pasado 50 años o más desde que vi a Elvis Presley en el show de Ed Sullivan y, sin querer hacer comparaciones, sé que el pasado sábado noche sentí la misma energía y poder del rock que sentía él”.

Le pregunto a Murphy si haría algo distinto si pudiera volver al inicio de su carrera.

“Bueno, no donaría mi abrigo de piel de yak color agua  (el que llevaba para Just a story from America) al Ejército de Salvación”, bromea, “Mi hijo hace poco me preguntó dónde estaba”.

Invitamos a Murphy a compartir más de sus perspectivas como músico expatriado que vive haciendo giras por Europa

-Jim Kirlin.

 

Llevamos nuestras guitarras en fundas blandas – la mía una Taylor negras 612ce y la de mi guitarrista Olivier Durand una 312ce. Sabemos que no deberíamos porque estos preciosos instrumentos se merecen algo mejor. Pero es la guerra de las guitarras en las líneas aéreas, que nos obliga a ello. Algunas veces es una batalla en la facturación, pero normalmente conseguimos subirlas a bordo y ponerlas en los compartimientos de arriba donde caben cómodamente, y sabemos que estarán allí cuando lleguemos. No podemos imaginarnos tocar con guitarras de recambio, así que si perdemos el equipaje, nos perdemos nosotros también.

Olivier y yo tocamos unos 100 conciertos al año por toda Europa, tanto como dúo como con mi banda acompañante, la Normandy All Stars. Viajamos en avión, tren, coche o a pié. 35 años de giras han empezado a fastidiarme los hombros, por tanto traslado de guitarras y equipos, pero hace 10 años empecé a cuidármelos en serio y ahora están mejor. El lema de cualquier músico viajero debe ser “adáptate o muere”, y eso es lo que hacemos. Pero desde que empezamos a tocar guitarras Taylor, nuestras vidas, o al menos nuestras pruebas de sonido, son más fáciles: las enchufamos y suenan bien.

No nos gustan los compresores. Normalmente bajamos algunos altos y medios en los ecualizadores, y luego las guitarras hacen el resto del trabajo. La parte mas dura es la de los monitores porque cuando tocas una guitarra acústica, el sistema de monitores, es tu amplificador. Descubrimos que, los altavoces de madera suenan mejor y un monitor independiente para cada uno de nosotros es imprescindible.

Sí,, tocamos unos instrumentos preciosos, pero tocamos fuerte y alto y el golpeador de mi guitarra es testigo de ello.

Estoy abierto a todo tipo de música, pero el rock salvó mi vida. Así es. Mi guitarra soporta la paliza amablemente.

He estado en la carretera alrededor de 35 años. Una gran parte de mi vida la he gastado viendo camiones y paisajes a través de la ventanilla de una furgoneta. La proporción es alrededor de 8 horas de carretera por 2 horas de espectáculo. No me estoy quejando, porque amo esta vida, y es demasiado tarde para parar ahora. Hace 20 años mis oídos empezaron a pitar y no han parado. El médico que dijo que tenía zumbidos y que sería mejor que dejara la música. Demasiados años delante de un “doble equipo” con el volumen al máximo, supongo.

Durante un tiempo me asusté y empecé a llevar tapones para las orejas, pero eso es difícil para un cantante (que es lo que soy) y notaba que perdía el contacto con el público, así que empecé a tocar con guitarra acústica y nunca he mirado atrás.

El invento de la pastilla piezo (y ahora el Taylor Expresión System) salvó mi vida. Por el momento mis oídos aún pitan, pero es soportable. Nadie sale de esta vida sin rasguños.

En 1987, cuando me echaron de Columbia Records, pensé que mi carrera estaba acabada, después de cuatro discos en tres grandes discográficas.

Luego, un año después, me ofrecieron una gira por Japón e inmediatamente después toqué en Francia. F. Scott Fitgerald dice que no hay segundas ocasionasen la vida americana, así que supongo que mi segunda ocasión tuvo lugar en Europa.

Mi actuación de París en 1979 fue como un renacimiento para mí: agotadas las localidades y seis bises. ¡Y se sabían las canciones! Nadie me había contado que mis discos se habían vendido medianamente bien en Francia y otros lugares, mientras yo intentaba entrar en las listas americanas.

Pronto estuve de gira, durante medio año por Italia, España, Bélgica, Suiza y Suecia, mientras vivía en New York.

En 1989 estaba en medio del divorcio y no podía permitirme buscar otro apartamento en New Cork. Mi amigo Garland Jeffreys me hizo la pregunta más difícil de mi vida: “¿Qué es lo que realmente quieres?” Pensé por un momento y tragué. “Mudarme a París”. “tengo un amigo que alquila un sitio allí” dijo Garland. Dos semanas después me mudaba y al año siguiente mi hijo Gaspard nació.

“Sigue tu pasión”, es el mejor consejo que puedo dar a cualquiera. Coming Home Again, mi disco número 29 es un testamento de esto.

Hace unos 20 años purifiqué mis actos. “sexo, drogas y Rock&Roll” era mi lema en los setenta. Ahora he cortado con la parte del medio, así que tengo más tiempo y energía para las otras dos partes. Aparte de estar en el escenario, mi actividad favorita en la carretera es buscar un gimnasio donde poder hacer pesas durante una hora.  Irónicamente me quita el peso del mundo de los hombros. Intento hacerlo por la mañana y luego estoy de mejor humor para viajar.

Dime que mes esperan 6 horas de conducción y no me importa, me encajo de hombros.

Esto es el trabajo. En la carretera echo de menos a mi familia y cuando estoy en casa, la carretera. Robbie Robertson dijo una vez que era un estilo de vida imposible. Supongo que era esto a lo que se refiere.

Pero amo a mis fans. Aparte de mi familia, son mi mayor tesoro. Los Rainy Season Fans son de España. The Spirit of Beauregard Fans de Francia. Ambos nombres provienen de títulos de mis discos. Vienen a cuarenta o cincuenta conciertos al año. Me dicen qué canciones debo tocar y cuáles retirar. Me dicen cómo está el sonido en el local y me ayudan con las pruebas de sonido. Hacen pasaportes para ellos como ciudadanos de Murphyland, el lugar donde vivo, supongo. Hoy en día toda mi energía proviene del público.

Cuando empecé hace 35 años intentaba impresionar a los tipos grandes de la industria o tocar para los críticos. Ahora toco para los fans que pagan las entradas y compran los CD's.

Internet ha sido mi salvación (como debe ser para todo artista independiente) y mi Web es mi campo base. Siempre digo que si todos mis fans se reunieran, podría tocar en el Madison Square Garden, y eso es lo que es Internet, mi auditorio, mi estudio. La capital de Murphyland.

A principios de los 90 hacia giras en solitario, pero empezó a afectarme. Me descubrí hablando conmigo mismo más de lo que debía y manteniendo conversaciones con gente que no estaban en la habitación.

Así que empecé a buscar un guitarra y gracias a un criticó de rock francés, me presentaron a Olivier Durand.

Olivier es de Le Havre –una ciudad portuaria del canal de la mancha. Lo llamo el Liverpool francés. Le Havre produce músicos de rock como Burdeos produce vinos.

Olivier vino a verme, aunque es casi 20 años más joven que yo, tenemos gustos musicales como si fuéramos de la misma generación.

Le encanta Dylan, los Stones, Van Morrison, Bruce y el blues.

Como guitarrista adora a Ry Cooder, Sonny Landreth y Keith.

Intuyo que la única diferencia es que cuando yo tenia 16 años escuchaba a los Beatles y él a los 16 escuchaba… ¡AC/DC! No importa, me gusta como se mueve Angus por el escenario, - me recuerda a Chuck Berry.

Me gusta moverme por el escenario y me avergüenzo cuando pienso en los viejos tiempos cuando tenías que estar delante de un micro para amplificar la guitarra acústica. Me gusta ir sin cables y probablemente lo haré algún día. Espero no sintonizar alguna radio de Moscú.

El mayor problema que tenemos es con la toma tierra de los instrumentos. Si la electricidad y el sistema de iluminación del local no están correctamente alineados, mi guitarra produce un ruido y tengo que pegar los labios al micro en las canciones tranquilas.

Cambiamos las cuerdas  casi en cada concierto, lo que resulta caro pero necesario. Muchas noches toco durante tres horas y golpeo las cuerdas muy fuerte. Uso una púa suave para no romper las cuerdas. Olivier y yo no llevamos guitarras de repuesto, así que si tengo que cambiar una cuerda en el escenario, le paso la guitarra y él, gentilmente,  me coloca una nueva, mientras hago una versión hip-hop de Like a Rolling Stones. Funciona mejor de lo que parece.

Un día típico en la carretera mas o menos es así: Levantarse justo a tiempo para los últimos diez minutos del desayuno, pedir retrasar la hora para dejar la habitación, conectarse a Internet (el wi-fi gratuito, tendría que ser obligado en los hoteles para músicos), contestar todos mis e-mails, que a veces llegan a haber más de cien por día.  Hacer maletas (cuando la gente me pregunta que hago para ganarme la vida, contesto que hacer y deshacer maletas). Encontrarme con Olivier y la banda en la recepción. Luego empezamos a conducir y no hablamos demasiado.

Durante un par de años hemos escuchado Time Out of Mind de Dylan las dos primeras horas y luego Kina of Blue y Aimee  Mann’s Bachelos Number 2 de Miles Davis.

Si tenemos un manager durante la gira, a veces me siento atrás y escucho audiobooks en mi iPod y sí conducimos nosotros, normalmente me gusta conducir de mañana hasta la hora de comer. Cuando paramos a comer intentamos aparcar la furgoneta en un sitio donde la podamos ver. Es la única vez que dejo los instrumentos en el coche. Regla número 1 de la carretera: ¡Nunca dejes los instrumentos en el coche! Juro que conozco todos los restaurantes de las principales autopistas de Europa.

Después de comer, Olivier coge el volante y yo intento hacer la siesta.

Finalmente llegamos a la ciudad donde tocamos y buscamos el hotel y el local. Casi siempre llego tarde a las pruebas de sonido. Las próximas navidades me compraré un GPS.

Las pruebas de sonido pueden ir bien o ser un infierno. Primero probamos nuestras Taylors. Las guitarras tocadas entre Olivier y yo, son la base de nuestro sonido. Olivier usa tres o cuatro pedales con su guitarra y la variedad de sonidos que obtiene es increíble.

Normalmente le pido al técnico de sonido que suba el volumen (esto no es música folk). Luego hacemos las voces, batería y bajo.

Mi voz está por encima y las guitarras justo por debajo. Nuestros monitores suelen estar altos. Tengo una teoría: Cuanto más duran las pruebas, los ensayos van peor y los conciertos mejoran.

Hoy en día, casi nunca ensayo. A veces he compuesto una nueva canción por la mañana y la tocamos por la noche. No pasa  a menudo, pero cuando sucede, me parece que todo está en orden en el mundo.

Después de las pruebas de sonido, corremos a cenar y regresamos para cambiarnos la ropa y salir al escenario.

Olivier y yo, empezamos con una canción a dúo, así el técnico de sonido puede ajustar las guitarras y las voces en la consola. En la segunda canción se une la banda y para mí es como un 747 despegando, una vez que empieza a volar, no para. Intento que el público se vuelva tan loco como yo. Nuestras Taylors se convierten en parte de nuestros cuerpos, vuelan con nosotros, y la música da alas a las palabras de mis canciones.

Los solos de Olivier, son increíbles. Honestamente pienso que ha llegado a sitios con su guitarra, que ningún otro hombre ha ido antes. Es un virtuoso de su instrumento. El tipo viejo (ese soy yo) hace uno o dos solos cada noche. Eso me es suficiente. Me gusta tocar la guitarra rítmica, faena muy poco valorada en mi opinión, como John Lennon, Lou Reed o Keith Richards.

Luego, después de algunos vises, se acabó todo.

Muy a mi pesar, dejo Murphyland y todavía empapado de sudor, salgo y firmo CD's para los incondicionales.

Los fans nos cuentan cosas asombrosas; (le ponen el nombre de Elliott a su bebé) cosas que te rompen el corazón;( un hermano moribundo que escucha una de mis canciones sin parar) cosas increíbles; (una abuela belga de ochenta años que me ha visto actuar veinte veces).

Me siento bendecido y que no merezco su admiración.

Cuando recibo elogios, pienso que hablan de otros músicos. Aunque intento vivir mi momento de gloria y disfrutarlo por un breve pero bonito instante.

Luego de vuelta al hotel, donde pregunto hasta que hora se sirve el desayuno.

Todo se reduce a las guitarras. Las amo y estoy convencido que son objetos místicos con un gran conocimiento musical esperando a ser descubierto, encuadrado en su modesto marco de madera.

Si veo una guitarra bonita, la quiero tocar y cuando empiezo a tocarla quiero componer una canción y cuando escribo esa canción, quiero grabarla y tocarla en directo. Esta es la fórmula mágica. No lo dudo. Solo espero que nunca se acabe.  Ha estado funcionando durante treinta y cinco años y sigue funcionando.

 

Volver arriba